
Jude Bellingham consuela a Gilberto Mora
Por ELVIA ANDRADE BARAJAS
-- Crónica --
CIUDAD DE MEXICO, México, 05 de julio de 2026- Sabían que enfrentaban a un adversario poderoso, pero cuando el silbatazo final sonó, el silencio cayó como losa sobre jugadores y aficionados mexicanos. Guillermo Ochoa hundió el rostro, se cubrió la boca con una mano para contener un grito, y las lágrimas de la derrota, 3 a 2 frente a Inglaterra.
Gilberto Mora, el más joven de la Selección Mexicana, también lloró mientras caminaba hacia los vestidores. Jude Bellingham, al verlo, se detuvo. Lo miró con respeto, se acercó y lo abrazó. En un gesto de nobleza, se quitó la camiseta y se la entregó para consolarlo. Mora hizo lo propio. Con un fuerte abrazo sellaron la justa competencia, símbolo de que, aun en la derrota, México ganó el reconocimiento de sus rivales.
En las gradas, miles de banderas mexicanas seguían ondeando, pero ya no con euforia, sino con melancolía. La lluvia que caía sobre la Ciudad de México parecía acompañar el duelo colectivo.
El Ángel de la Independencia, testigo de tantas celebraciones, parecía esta vez custodiar un país que lloraba, pero con la cabeza en alto. Porque México había llegado más lejos que nunca, y aunque la derrota dolía, también era el reflejo de una nueva era: la de un equipo que se ganó el respeto del mundo.
En los bares, los ingleses celebraban con banderas y cánticos.
Su alegría contrastaba con la tristeza mexicana, pero también con el reconocimiento mutuo.
En el campo, los jugadores se acercaron unos a otros: un abrazo entre rivales, una mirada de admiración. Inglaterra había ganado, sí, pero México había conquistado algo más profundo: el corazón de su gente y el respeto de sus adversarios.

En Reforma, la multitud empezó a dispersarse lentamente. Algunos se quedaron mirando las pantallas gigantes, como si esperar unos segundos más pudiera cambiar el destino.
Otros se abrazaban, llorando juntos. Muchos otros aprovecharon la música gratis y pese al resultaron bailaron salsa.
Antes de que iniciara el partido México -Inglaterra, el Estadio Ciudad de México vibraba de alegría. Las calles alrededor eran un río verde, blanco y rojo.
Paseo de la Reforma, el Zócalo y el Monumento a la Revolución estaban repletos de familias, jóvenes, adultos mayores, todos unidos por un mismo sueño: ver a México avanzar a cuartos de final por primera vez en su historia.
Inglaterra llegaba con la maquinaria futbolística más sólida del torneo, con figuras que dominan Europa y una disciplina que rara vez se quiebra.
Aun así, México salió al campo con esperanza, con ilusión, con esa fe que solo se construye cuando un equipo ha roto sus propios límites y ha llegado más lejos que nunca.
El encuentro comenzó con intensidad. México dominaba la posesión, movía el balón con paciencia, buscaba espacios. Pero Inglaterra golpeó primero.
Minuto 36: Jude Bellingham abrió el marcador con un cabezazo certero tras un centro de Bukayo Saka.
Minuto 38: El mismo Bellingham amplió la ventaja, aprovechando un error defensivo mexicano.
Minuto 42: Julián Quiñones devolvió la esperanza con un disparo potente dentro del área. El estadio rugió. México estaba vivo.
Minuto 54: Jarell Quansah fue expulsado por una dura entrada sobre Jesús Gallardo. México tenía todo para remontar.
Minuto 60: Harry Kane convirtió un penalti para el 1–3.
Minuto 69: Raúl Jiménez descontó también desde los once pasos. 2–3. El país entero contuvo la respiración.
México atacó con todo. Inglaterra resistió con todo.
El reloj avanzó demasiado rápido.
El gol del empate nunca llegó.
Los jugadores mexicanos, con dignidad, reconocieron la derrota y felicitaron a su oponente.
Inglaterra fue un adversario fuerte, sólido, implacable. Y México, con nobleza, aceptó el resultado.
“Jugaron muy bien”, dijo la presidenta Claudia Sheinbaum, aplaudiendo con fuerza al ser entrevistada al final del partido:
“Ánimo. Ánimo”, repitió, como quien sabe que las palabras no borran la derrota, pero sí acompañan el dolor.
Con este resultado, México queda eliminado en octavos de final, terminando su participación como uno de los 16 mejores equipos del mundo.
La mejor actuación en su historia moderna. La más emocionante. La más sentida.
México jugo con gigantes.
Sin embargo, la derrota dolió.
Las lágrimas fueron inevitables.
El regreso a casa será silencioso.
El sueño mundialista, para México, termina.
Pero la certeza de que México ya pertenece a la élite del fútbol mundial…
esa, apenas comienza.
La derrota ante Inglaterra marcó el final del camino. Con el silbatazo, México quedó oficialmente eliminado del Mundial 2026, terminando su participación como uno de los 16 mejores equipos del torneo, la mejor actuación en su historia moderna.
Las maletas se cierran.
Los jugadores regresan a casa.
La concentración se disuelve.
El hotel se vacía.
Sólo queda el eco de un gran mundial, en el que México acarició la posibilidad de llegar a la final, después de haber tenido la mejor actuación en su historia moderna.
México jugó con gigantes.
Sin embargo, la derrota dolió.
Las lágrimas fueron inevitables.
El regreso a casa será silencioso.
El sueño mundialista, para México, termina.
Pero la certeza de que México ya pertenece a la élite del fútbol mundial… esa, apenas comienza.
DE LA EUFORIA AL CAOS
MÉXICO DERROTA 2-0 A ECUADOR.
AVANZA A OCTAVOS DE FINAL.
Rompe cadena de derrotas
HISTÓRICO, MEXICO
PASA
A DIECISÉISAVOS
DE FINAL
DESFILE MUNDIALSTA EN
CDMX;
AVANZA LA COPA
DEL MUNDO 2026
FIFA 2026 INAUGURA EN MEXICO
ENTRE PROTESTAS SOCIALES
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